La botella de la Paz del CEIP Manolo Garvayo

3Todo empezó en una de las reuniones que para coordinar nuestro Proyecto de Escuela: Espacio de Paz: “Centros Unidos por la Paz” realizamos cada mes. Alguien propuso trabajar la canción de Abraham Mateo “Lánzalo”. El mensaje central del tema: Lanzar miles de botellas al mar con mensajes de Paz.

Proponérselo a los niños despertó, como siempre, su creatividad, su capacidad de análisis y su espíritu crítico. La conclusión fue contundente: No podemos hacerlo. Porque somos muy conscientes del daño ecológico que esto haría y nuestro centro está muy comprometido con el medio ambiente.

Pero para cuando la mayor parte del alumnado había podido debatir y sacar conclusiones nuestro centro estaba lleno de botellas de plástico dispuestas a albergar un mensaje de Paz.

4De nuevo debate, imaginación y promoción de iniciativas… Y llego la propuesta: Hacer una botella gigante con todas aquellas botellas y meter dentro un mensaje de Paz para compartirlo con todo el barrio.

El trabajo comenzó en cuarto de primaria y luego se fue extendiendo al resto de las aulas. A partir de la idea los alumnos investigaron sobre como hacerlo. Cómo ensamblar las botellas y unirlas, cuantas botellas podíamos utilizar, cuál debía ser el diámetro de la base para que la botella saliera por las puertas, cuántos litros habría si usáramos las botellas llenas, cuanto iba a pesar la botella resultante y cuanto mediría si todos los niños del cole colocaban al menos una botella. Hicimos cálculos de todo tipo.

Nos pusimos manos a la obra, preparamos la base y comenzamos a invitar a los distintos cursos para que hicieran su parte. Con los más pequeños trabajamos los tamaños, las texturas, la transparencia, las formas. Y siempre presente el objetivo: meter un mensaje de paz y compartirlo con el barrio.

7Así comenzó otra faceta del trabajo. Se discutió en asamblea con los más mayores, si dejar la botella en el cole o sacarla a la calle. La afirmación de que en la calle no duraría ni un día, dio pie para trabajar sobre la idea de “lo público”. El respeto a lo que no es nuestro, pero es de todos. Las opiniones estaban divididas pero se decidió sacarla y ver quien la estropeaba: la naturaleza o el hombre.

La botella seguía creciendo y se nos presentó otro problema: dada la altura que iba a alcanzar, habría que hacerla en varios tramos y luego unirlos. Pero tenían que encajar perfectamente y para esto descubrimos que podíamos empezar cada tramo con el último piso del anterior.

Había que escribir una carta al ayuntamiento pidiendo permiso para instalar nuestra botella en la calle. Así profundizamos sobre la estructura del ayuntamiento. La figura del alcalde. Su representante en el barrio, en la junta de distrito. Conocimos más de cerca el papel de nuestros consejeros municipales infantiles. Finalmente enviamos nuestra petición a través de nuestros consejeros, pero enviamos una carta al alcalde invitándole a venir al cole a ver nuestra botella.

8En pequeño grupo buscamos soluciones para estrechar la estructura a la hora de hacer el cuello de la botella. Para darle peso en la parte de abajo evitando que se la llevara el viento. O cómo elegir el soporte del mensaje. Todo ello dio lugar a generar hipótesis, hacer pruebas, aprender de los errores y finalmente a encontrar soluciones.

Al mismo tiempo comenzamos a trabajar en “el mensaje” y en una “placa” que identificara nuestro trabajo. Surgieron frases y citas de personas importantes, inventamos otros, pensamos en palabras que representaran lo que queríamos para nuestro barrio, ampliamos nuestro vocabulario y esto nos sirvió para hacer un mural con mensajes de paz en botellas de papel flotando en un mar agitado. Finalmente decidimos utilizar solamente la palabra PAZ para el mensaje porque era la que lo representaba todo. Y “la paz es el camino” para la placa.

9Para fabricar el tapón buscamos ideas en Internet y así conocimos la infinidad de cosas que se pueden realizar reciclando y no perdimos la ocasión de hacer algunas flores con cuellos de botella, o cajitas uniendo dos bases y pintándolas con laca de bombilla.

Finalmente la botella estaba lista y el equipo de los servicios operativos del ayuntamiento nos ayudó a trasladarla. El Skatepark que hay junto al colegio sería al final su destino. Durante tres semanas pudimos verla desde las ventanas del colegio, pero finalmente la lluvia el sol y el viento acabaron con ella. Tres semanas durante las que muchas personas pudieron verla, veintiún días para sentirnos orgullosos de nuestro trabajo y de todo lo que habíamos aprendido haciéndolo, y una satisfacción que compensó su pérdida: fue la naturaleza y no el hombre quien terminó con la botella.