El arte prohibido de las mujeres.

 

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Hoy día nos parece de lo más normal ver en las aulas dibujando a niños y niñas por igual. O que haya mujeres dedicadas a cualquier disciplina artística aunque no siempre con las mismas oportunidades, retribuciones o reconocimiento que los hombres.

Las mujeres han participado en la creación de arte a lo largo de la historia, sobre todo en la antigüedad, donde no existía reglas que las excluyeran de estos oficios, ya que el acceso al arte y a las ciencias eran de acceso público y general.

Esta situación continuó durante el antiguo Egipto con artistas como Helena de Egipto y en la antigua Grecia como Timarete, reconocidas en su época.

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Pero no siempre a lo largo de la historia ha sido así.

De hecho, si preguntamos a algunos de nuestros alumnos por el nombre de pintores famosos siempre nos dirán nombres masculinos.

Si es cierto que la Historia del Arte está repleta de infinidad de féminas. Pero sólo como modelos y musas. Son las protagonistas de algunos de los cuadros más importantes de todas las épocas: las señoritas de Avignon, las majas, la Mona Lisa, las venus, las bailarinas de Degas o las prostitutas de Touluse-Lautrec.

Son muchas las mujeres que se exponen en las paredes de los museos pero muy pocas  las que firman los lienzos.

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Y no es porque no hubiera mujeres con habilidades y vocación para el arte. Las hubo y con mucho talento.

Empezando por Ende, considerada la primera pintora de la historia, una copista encargada de iluminar códices en el siglo X que ya firmó entonces “Ende pintrix et Dei aiutrix” (Ende, pintora y sierva de Dios) el manuscrito del ‘Comentario al Apocalipsis del Beato de Liébana’ o por Hildegarda de Bingen, una monja benedictina que fue pionera en el campo de la música, la literatura y la pintura y que ya fue silenciada en su propia época.

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Manuscrito de Ende.

Es a partir de la época del Renacimiento donde empiezan a florecer las mujeres artistas, principalmente en Italia.

Sofonisba Anguissola cosechó muchos éxitos en su época. Miguel Ángel alabó su obra, Giorgo Vasari la incluyó en su diccionario de biografías de artistas, se hizo famosa en Italia, Van Dyck la retrató y fue pintora de la Corte de Felipe II. Sin embargo como era mujer no podía firmar sus obras, motivo por el cual muchas fueron atribuidas a hombres.

'La partida de ajedrez', Sofonisba Anguissola (1555) (Museo Nacional de Poznan)

Sofonisba Anguissola. La partida de ajedrez.

La causa de este forzado anonimato en sus obras no es otra que la prohibición a las mujeres a recibir formación profesional con la que adquirir técnica pictórica. Tampoco podían vender sus trabajos.

Algunas tuvieron que vestirse como chicos para poder asistir a talleres para aprender la técnica, como el caso de la pintora Marietta Robusti, hija del famoso pintor veneciano Tintoretto. Recientemente se ha descubierto que algunos de los cuadros atribuidos a su afamado padre en realidad salieron de sus femeninas manos.

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Marieta Robusti. Retrato de mujer.

A pesar de ello, algunas lograron un reconocimiento en su época que posteriormente fue silenciado.

Es el caso de Artemisia Gentileschi, pintora de gran talento. Gozó de una notable consideración en la Italia del Setecientos aunque su fama decreció tras su muerte, llegándose al más profundo olvido de su obra un siglo más tarde. Fue la primera mujer admitida en la selecta Academia del Disegno florentina, lugar donde consiguió el mecenazgo de los Medici.

La violación que sufrió cuando tenía 18 años por parte de su maestro el pintor  Agostino Tassi, la convirtió en la primera pintora feminista de la historia. Personajes bíblicos como Judith o Susana poblaron sus cuadros como símbolos de lucha ante el patriarcado

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Artemisia Gentileschi. Susana y los Viejos.

O el de Lavinia Fontana, fue una cotizada retratista en la italia del Siglo XVI, pionera en el estudio de la anatomía humana para sus desnudos y de la conciliación familiar, ya que su marido dejó de trabajar para cuidar a los 11 hijos mientras Lavinia procuraba los ingresos del hogar con sus pinturas.

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Lavinia Fontana. Retrato de Sofonisba Anguissola.

En el Siglo XVII  se les va reconociendo un poco más su status como artistas. En España despunta la sevillana Luisa Roldán, hija del mejor escultor de segunda mitad del XVII de la capital hispalense y más conocida como La Roldana. Dominó la talla de madera y barro, fue escultora de cámara de Carlos II y Felipe V. Ssuyas son tallas como ‘Entierro de Cristo’, que se exhibe en el Met de Nueva York, o el gran ‘San Miguel Arcángel’ del Escorial. A pesar de su profusa actividad pasó muchas dificultades económicas y a su muerte su nombre también cayó en el olvido.

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Luisa Roldán, La Roldana. Sagrada Familia.

En el Siglo XVIII, se amplía el campo profesional de las mujeres, pero sobre todo en el ámbito de la enseñanza. En las clases acomodadas se comienzan a dar cuenta de que el dibujo, la música, el canto y la pintura son las enseñanzas que les intentan inculcar a las jóvenes artistas. Pero las mujeres no son aceptadas en las Academias, que siguen siendo un territorio dominado por hombres, ni tampoco aceptadas en los concursos de dibujo y pintura que se celebran en las distintas ciudades europeas, como por ejemplo, en Roma.

Sólo pocas mujeres tenían pleno derecho a formar parte de la Academia, como por ejemplo Angélica Kauffman y Elisabeth Louis Vigeé- Lebrun pero tenían prohibido también formar parte de las diferentes clases que se realizaban en la Academia, como por ejemplo, el desnudo ni consagrarse en las temáticas de mitología y pinturas de historia. No podían tampoco realizar grandes viajes de conocimiento como lo hacían sus compañeros, lo tenían muy limitado y si viajaban tenían que hacerlo siempre en compañía de un familiar.

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Angelika kauffman. Autorretrato

En el Siglo XIX, va creciendo poco a poco el número de mujeres dedicadas al arte. Las mujeres van adquiriendo cada vez más derechos sociales, económicos y por supuesto, laborales. Sin embargo se vetó la independencia creadora de la mujer por la moral burguesa reinante, relegando al género femenino a una condición hogareña casi exclusiva.  El propio Renoir solía decir que “la mujer artista es sencillamente ridícula”.

A pesar de ello, en el misógino siglo XIX hay nombres propios ya más reconocibles como los de Berthe Morisot, Mary Cassat y Marie Bracquemond, las tres mujeres de primer nivel que formaron parte del Impresionismo, al igual que la escultora Camille Claudel.

Camille Claudel no sólo tuvo que hacer frente a la censura de género que aún imperaba en su época y prohibía a las mujeres matricularse en las escuelas de arte. Amante y discípula de Auguste Rodin, se situó a la altura del maestro y creó obras de gran valor, aunque fue ninguneada al creerse que realmente fueron realizadas con ayuda de Rodin.

Como en muchos otros casos, es más que probable que si Camille Claudel hubiera nacido hombre, su reconocimiento artístico hubiera sido muy superior al que siempre se le dio.

En el día de la Mujer queremos rendir homenaje a todas las artistas que fueron olvidadas por la Historia del Arte.
 
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Camille Claudel trabajando

En el Siglo XX, las mujeres artistas son cada vez más numerosas y empiezan a tener poco a poco un papel relevante en la historia del arte. Se declinan más por las vanguardias artísticas. Tienen acceso a las escuelas de pintura, participar en exposiciones, concursos, bolsas de estudio y ayudas.

Aún así, los dadaistas evitaban incluir mujeres en sus círculos, pese a que afirmaban hallarse a favor de la emancipacion de las mujeres. O la Bauhaus, donde las mujeres no podían asistir a clases de edificación y tenían que bastarse con el taller de tejeduría.

Algunas fueron directamente silenciadas por sus ideas. Maruja Mallo, considerada una de las grandes artistas surrealistas de la época, contó con la admiraciñón de Salvador Dalí. Formó parte de la Generación del 27 y tuvo que exiliarse tras la Guerra Civil española por su comportamiento transgresor y provocador para la época. Ella fue una de las Sinsombrero. Cometió, como la definió María Zambrano, uno de los errores más destructivos e imperdonables: ser libre”. 

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Maruja Mallo en su taller.

Otras veces la genialidad femenina fue apropiada vilmente por sus parejas . Es el caso de los retratos de niños abandonados con grandes ojos de Walter Keane, artista popular en los años cincuenta, pero es su esposa Margaret Keane,  la verdadera genio detrás del pincel. Tuvo que ser un tribunal de justicia quien finalmente le devolviera la autoría de sus obras que le había sido arrebatada bajo abusos psicológicos.

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Margaret y Walter Keane

Todas ellas, con independencia de la época o de su arte, tiene algo en común: el empeño en desmentir esas palabras de Bocaccio que decían que “el arte es ajeno al espíritu de las mujeres”.

Estas mujeres que llegaron a ser retratistas de Corte, escultoras de cámara o pintoras religiosas pese a las dificultades, injustamente excluidas de los libros de arte, merecen ser rescatadas del olvido y recuperar el lugar en la Historia que les fue negada.

Aunque aún nos queda mucho que hacer. A pesar de la feminización de los estudios artísticos, que hoy tienen más mujeres que hombres, el mundo artístico sigue siendo un entorno particularmente inhóspito e intransigente para las artistas.

Y es ahí donde la escuela juegan un papel importante.

Os dejamos el enlace a una actividad creada por una profesora de Bachillerato para trabajar con el alumnado partiendo de una pregunta: ¿Dónde está la mujer en la  historia del arte de bachillerato?

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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