Carlos Espinosa Manso, un humanista inspector de Educación


carlos14Carlos Espinosa Manso era inspector de educación y acababa de jubilarse, a la edad de 70 años, cuando ha fallecido repentinamente con gran sorpresa y tristeza de todos los que lo conocíamos.

Los que lo tratamos en el ámbito profesional de la educación siempre lo recordamos como un hombre cordial, de talante abierto, educado, atento en todo momento al saludo y al detalle. Sabía crear alrededor de él un ambiente positivo, de cordialidad y confianza.

En los largos ratos de charla que siempre pasa un director con su inspector, que muchas veces tienen algo de confesión, Carlos insistía en los aspectos humanos de la labor docente; en la necesidad de crear en los centros un ambiente positivo de confianza y alegría. Recuerdo una frase que alguna vez me dijo: el maestro tiene que amar a sus alumnos. Puede parecer una exageración o una boutade, pero no lo es.

El acto educativo, en el fondo, más allá de la telaraña de normas, burocracias y estructuras que cada vez más lo asfixian, es un acto de relación humana. Y como tal, significa la apertura de una persona a otra; una relación que tiene que ser enriquecedora para las dos partes. Sin cierta cordialidad (en un sentido etimológico, sin cierta participación del corazón), no hay acto educativo, o este se convierte en la fría relación de un ordenador con su usuario. Ese toque de calidez humana fue la seña que distinguió la labor y las enseñanzas de Carlos.

Muy conocido en los ambientes educativos, era conferenciante y autor de artículos y libros de gran calado, entre ellos, Los niños y jóvenes del tercer milenio.  En 2011 tuve la ocasión de participar en su presentación en Álora, donde trabajo durante dos etapas de su vida y donde tanto se le apreciaba, y lo definí con la misma palabra que ahora voy a usar: un humanista.

Tomás Salas

Director del IES Valle del Sol (Álora)

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